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Los «barrilistas» se defienden como gatos panza arriba

En las últimas semanas se ha estado meneando el asunto del barrilito pero, según parece, no se quiere llegar hasta el fondo del mismo. Ha habido algunas opiniones en contra tratando de abolir esas prebendas de corte medieval, aquellas migajas que el todopoderoso señor del castillo repartía a sus vasallos a cambio de gratitud, sumisión y fidelidad. Ahora, en respuesta, los beneficiarios de los barrilitos se defienden como gatos panza arriba para mantener este sustancioso privilegio.

Uno de ellos dice curiosamente que el que ha renunciado al barrilito no ha trabajado para asumir compromisos sociales en su provincia. Estamos de acuerdo de que a la población, sobre todo a la más vulnerable se le ayude en lo posible, pero creemos que para esas funciones de corte social debería haber un organismo oficial que se encargara de ello, incluso dotada de mayor presupuesto y de personal especializado en esas tareas que puedan evaluar los casos, de acuerdo a prioridades y darles seguimiento.

Otro defensor del «barrilismo» dice que cuando llega a su ofician los viernes hay cientos de personas esperando a uno para que le resuelva. Para eso no hace falta ser Senador, cualquiera con unos buenos cuartos en los bolsillos con algo para repartir, logra una cola de gente que le da dos vueltas al play.

Otro más, afirma que el barrilito debe mantenerse en beneficio de la comunidad con toda la transparencia que requiere. Que sepamos, hasta ahora no se les ha pedido cuentas de cuánto, de cómo y a quién se les ha repartido las denominadas ayudas, y esto da ocasión, aunque nos podamos equivocar, a mal pensar. Porque el dinero en manos de los políticos ha dejado muchas dudas -y demasiadas certezas- de su manejo.

Pero el asunto del barrilito está más abajo, en el fondo del que hablábamos al principio. De lo que se trata es de abolir el clientelismo político que crea este tipo de limosna ¿A quién va a votar el beneficiado de la dádiva, sobre todo si la va a necesitar otra vez? pues por pura lógica al que se la dio. Y así, además, se está en sobre ventaja ante cualquier contendiente en los torneos electorales, y esto no debería suceder.

El profesor y sociólogo, Cándido Mercedes, considera el barrilito como una aberración y, con mucho acierto afirma que el dinero del senador es del pueblo y no suyo, pero a quien se le agradece es al senador. Aquí deberíamos hacer lo que dice tan claramente el refrán: Zapatero a sus zapatos. Los senadores a legislar que para eso los eligieron, y que a ese menester tan importante para la Nación se dediquen en cuerpo y alma y durante todo el tiempo que dispongan.

Y que de las ayudas sociales se encargue el Estado, que para eso está, o debería estar. Claro, que manejar dinero a discreción… ¡más bueno que eso! como dicen algunos tigueroides por ahí…

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